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Empresas Milenarias

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Hola a todos,

en esta ocasión os vamos a dejar con un artículo escrito por nuestro amigo y escritor Ángel L. Montilla Martos, en el que nos deja su visión sobre la cultura empresarial japonesa.

En Japón existen una 20.000 empresas con 100 o más años de antigüedad, de las cuales 1.200 llevan ya dos siglos trabajando ininterrumpidamente, 400 más de tres siglos, 30, más de medio milenio y siete que llevan en el tajo más de mil años. Estos datos son, sin duda, sorprendentes o inimaginables, no ya en Estados Unidos por razón cronológicas obvias, sino también en la Vieja Europa. Resulta ridículo ante estos datos ver carteles en nuestras calles del tipo “Casa Fundada en 1973″.

Muchas de estas longevas industrias están relacionadas con actividades y productos tradicionales japoneses, como el sake, la soja, los dulces, la fundición de metales o la medicina oriental.

Dos condicionantes geográficos han propiciado este hecho inaudito en otras latitudes. El carácter insular del país lo ha preservado durante siglos de invasiones de los países vecinos, lo que ha propiciado largos periodos de estabilidad social. Por otro lado la alta pluviosidad del clima japonés ha permitido el cultivo intensivo de arroz, lo que, a su vez, ha fomentado una población creciente que ha sido consumidora y creadora de los productos de las empresas que comentamos. Hay que tener en cuenta que, a fecha de hoy, Japón es un país con casi el triple de población que España en un territorio equivalente en el que muchas zonas son inhabitables.

japon

El factor que explica la continuada presencia de estas empresas es de carácter cultural. La mentalidad japonesa es bastante colectivista y pone por delante el beneficio de la sociedad, de la empresa, de la ciudad, del estado, al de los individuos. Solo así se explica que el trono imperial japonés sea el que más tiempo a ejercido el poder, más o menos simbólico en algunos momentos, en todo el mundo.

Por otro lado hay que considerar que para el japonés no es un mero instrumento para conseguir dinero, sino que ante todo un servicio que se da a la sociedad. Esto ha significado que en momentos de crisis económicas, como la ocurrida, por ejemplo, tras la Segunda Guerra Mundial, muchos negocios se mantuvieran a pesar de las perdidas y que resurgieran de sus propias cenizas con mayor brío en algunas ocasiones que antes del conflicto.

El otro gran factor que ha contribuido a la pervivencia de estas empresas es algo que yo he comprobado personalmente en mis viajes a Japón: el respeto al cliente. He sido testigo de innumerables anécdotas en las que el camarero, el operario, el maquinista o la dependienta han estado atentos al más mínimo detalle o duda que haya surgido en la transacción comercial que haya realizado. Un caso extremo podría ser lo que me ocurrió en un restaurante de Kioto. Se me cayó un palillo de los que usan para comer y al golpear al suelo rebotó haciendo un pequeño ruido. Antes de que el palillo volviera a caer ya estaba la camarera allí para darme un juego nuevo. Un suceso parecido nos ocurrió en Hiroshima. Una simple limpiadora de la estación de trenes recorrió todas las instalaciones (que no son pequeñas) para encontrarnos a mí y a mi esposa una taquilla de gran tamaño para poder guardar la maleta unas horas. Los limpiadores del shikansen, limpian todo el tren (que es casi tres veces más largo que un AVE convencional)en siete minutos exactos y al terminar, se colocan en el andén en fila y saludan reverencialmente a todos los pasajeros.

Empresas y sociedad

A todo esto hay que añadir que en estas empresas existe algo que podríamos llamar “sacralización”. Se cuentan anécdotas de los fundadores, se llevan a cabo ciertos ritos más o menos formales, como uniformes, fiestas, etc. Cuentan sus biógrafos, que Steve Job quedó entusiasmado con el uniforme de los trabajadores de Sony y que intentó implantar algo parecido en Mac, pero esta idea chirrió demasiado en la California de los setenta y ochenta. Lo máximo que consiguió fue uniformarse el mismo y vestir siempre el mismo suéter en las famosas presentaciones de sus productos, el cual, por cierto, era el diseñador japonés y Issey Miyake.

Espero que esta información sirva para que todos reflexionemos un poco sobre la constancia, la calidad del servicio en esta época de tanta competencia y al mismo tiempo, incompetencia.

Para complementar la información de este artículo os dejamos el siguiente enlace

nippon.com

 

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